4.- VOCACIÓN Y MISIÓN DEL PRADO

VOCACIÓN Y MISIÓN DEL PRADO

“La asociación de los Sacerdotes del Prado es fruto de una gracia concedida por el Espíritu Santo a la Iglesia en la persona de Antonio Chevrier, sacerdote de la diócesis de Lyón, para la Evangelización de los pobres” (Constituciones. nº. 1).

La gracia de nuestro sacerdocio que nos configura con Cristo sacerdote nos urge a vivir nuestro ministerio como verdaderos discípulos de Jesucristo al servicio de los pobres. Esta gracia, fundamento de la vocación pradosiana, determina un modo particular de vivir los elementos constituyentes de nuestra condición apostólica en el seno del pueblo de Dios y en el mundo.

“Conocer a Jesucristo lo es todo. El resto es nada”

Para progresar en el conocimiento de Jesucristo nos comprometemos a estudiar habitualmente el Evangelio y a encarnarlo en nuestras vidas. El conocimiento de nuestro Señor Jesucristo nos enseña que la eficacia en medio de los pobres es el fruto de una vida pobre y entregada.

“Tener el Espíritu de Dios, lo es todo”

El Espíritu Santo hace brotar y crecer nuestra vocación pradosiana de discípulos y apóstoles de Jesús en el seno de nuestras Iglesias y al servicio de su misión en el mundo. Para permanecer fieles este Espíritu que no cesa de actuar en el mundo tratamos de ayudarnos unos a otros a escuchar y discernir constantemente la llamada de los pobres

“Una sola cosa es necesaria: anunciar a Jesucristo a los pobres”.

Urgidos hoy por el trato con los pobres de nuestro mundo, el Espíritu Santo nos adentra más y más en la inteligencia creyente de la Encarnación, de la Cruz y de la Eucaristía. Ser “buen pan” de Cristo en nuestra sociedad reclama de nosotros vivir, en el dinamismo de la Encarnación, del amor que enriquece con su pobreza.

En la práctica de los consejos evangélicos, los miembros del Instituto, sacerdotes diocesanos y laicos consagrados, nos sentimos estimulados a una mayor fidelidad en la respuesta a las llamadas de Dios que nos llegan a través de los signos de los tiempos.

Nuestra vocación apostólica exige que todos nosotros, sacerdotes y lacios consagrados, trabajemos con los demás bautizados en el servicio de congregar al nuevo Pueblo de Dios La vida fraterna es, pues, constitutiva de nuestra vocación pradosiana y de nuestra misión.

Para los sacerdotes del Prado este don de la vida fraternal se realiza en primer lugar en la pertenencia al presbiterio diocesano. El carisma del Prado se inscribe en nuestra condición de cooperadores del Orden episcopal y es vivido en el seno del presbiterio diocesano.



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